http://www.animatedgif.net/bookscalendars/bigbook1_e0.gifINGENIERIA BELICAhttp://www.animatedgif.net/bookscalendars/bigbook1_e0.gif

Son varios los factores que hicieron de las legiones romanas uno de los ejércitos más poderoso y, sobre todo, eficientes de la historia (Que un ejército sea poderoso no significa que sea eficiente. Ahí tenéis el ejemplo de los EEUU).

Las legiones podían desplazarse más de 50km. en un día, tenían un equipamiento que no era comparable a ningún otro de la antigüedad, sus técnicas de combate eran realizadas con precisión milimétrica y estaban comandados, en general, por personas que supieron estar a la altura de las circunstancias.


Pero además de todos esto, las legiones romanas tenían una característica que los convirtió en una fuerza temible. No sólo es que los legionarios fueran soldados entrenados para matar con una especial eficiencia, sino además,  cada legionario era un albañil, un carpintero o un herrero en potencia y en su equipamiento tenían tanta importancia el Pilum o el Gladius, como la pala, el pico o el martillo.

Imagínense lo que podía suponer tener miles de fuertes brazos perfectamente disciplinados a tu disposición y todos coordinados por un experto ingeniero. Se puede decir, casi literalmente, que las legiones romanas eran capaces de mover montañas.


Esta habilidad les dio unas posibilidades ilimitadas. Eran los propios legionarios quienes empezaban a construir las calzadas romanas  en los países que iban invadiendo para facilitar la llegada de refuerzos.


Eran capaces de hacer presas o desviar ríos para forzar a los sitiados a rendirse  o podían levantar un campamento fortificado en apenas unas pocas horas.

Esquema de construcción de un campamento romano.

Reconstrucción de la fortificación construida por las legiones en el sitio de Alesia.

Sus temibles máquinas de guerra eran el terror de sus enemigos pues podían construirlas en un pis-pas y sobre la marcha.


Y puede que fueran artilugios toscos y feos pero eran eficaces y prácticos, es decir, muy a la romana.

Ariete y torre de asedio.

Y si con un simple ariete y una torre no bastaba, pues se construía una super-estructura en un  momento y en paz.

Sistema de asedio construido en el sitio a Avaricum. Las torres de asedio subían y bajaban por las rampas y todo el conjunto se construyó de tal modo que los constructores estaban en todo momento protegidos de lo que pudiera caer de la ciudad.

Pero los romanos no sólo usaban estas obras de ingeniería para ejercer la pura fuerza bruta. En ocasiones se utilizó precisamente para evitar eso, el uso de la fuerza. Este es el caso del puente sobre el Rin que construyó Julio Cesar.

Ocurrió durante la conquista de la Galia. Los germanos aprovechaban lo revuelto que andaban sus vecinos galos para cruzar el río Rin (frontera natural) adentrarse en territorio galo y efectuar ataques a algunas poblaciones y a destacamentos romanos volviendo luego a su tierra y sintiéndose a salvo por la defensa que les proporcionaba el ancho y caudaloso río, infranqueable para cualquier ejército en condiciones.

Por eso Cesar, ante la imposibilidad de desviar sus legiones de la Galia donde algunos galos se resistían aún al invasor (No. No eran Asterix y Obelix, era Vercingetorix) y harto de que los germanos le dieran la lata, ideó un plan magistral.

Pero mejor que os lo cuente el propio Cesar. Les recuerdo que Cesar escribe en tercera persona, es decir, cuando habla de Cesar está hablando de él mismo.

César, por las razones ya insinuadas, estaba resuelto a pasar el Rin; mas hacerlo en barcas ni le parecía bien seguro ni conforme a su reputación y a la del Pueblo Romano.[...] La traza, pues, que dio fue ésta. Trababa entre sí con separación de dos pies dos maderos gruesos pie y medio, puntiagudos en la parte inferior, y largos cuanto era hondo el río; metidos éstos y encajados con ingenios dentro del río, hincábanlos con mazas batientes, no perpendicularmente a manera de postes, sino inclinados y tendidos hacia la corriente del río.

Lo de la derecha es la “balsa-martillo” que clavaba los postes levantando y dejando caer un gran peso.


Luego más abajo, a distancia de cuarenta pies, fijaba enfrente de los primeros otros dos trabados del mismo modo y asestados contra el ímpetu de la corriente; de parte a parte atravesaban vigas gruesas de dos pies a medida del hueco entre las junturas de los maderos, en cuyo intermedio eran encajadas, asegurándolas de ambas partes en la extremidad con dos clavijas; las cuales separadas y abrochadas al revés una con otra, consolidaban tanto la obra y eran de tal arte dispuestas, que cuando más batiese la corriente, se apretaban tanto más unas partes con otras.


Extendíase por encima la tablazón a lo largo, y cubierto todo con travesaños y zarzos, quedaba formado el piso.

Con igual industria por la parte inferior del río se plantaban puntales inclinados y unidos al puente, que como machones resistían a la fuerza de la corriente; y asimismo palizadas de otros semejantes a la parte arriba del puente a alguna distancia, para que si los bárbaros con intento de arruinarle, arrojasen troncos de árboles o barcones, se disminuyese la violencia del golpe y no empujasen al puente.


Desde que se taló el primer árbol para el puente, hasta que el primer legionario comenzó a cruzar, pasaron tan sólo ¡Diez días!.

Igualito igualito que las obras de ahora. ;-)

Una vez en la orilla germana Cesar levantó un campamento, hizo algunas incursiones para tirar de las orejas a las tribus más levantiscas, coger algunos rehenes, firmar algún tratado de paz con otras y después de 18 días, se dio media vuelta, volvió a cruzar el puente hacia la Galia y lo desarmó pieza a pieza ante la atónita mirada de galos y germanos.

Los germanos, que podían ser bárbaros pero no estúpidos, pillaron el mensaje de Cesar a la primera…

Cómo sigáis dándome guerra y me mosquee… Me levanto una mañana, me vengó pa’cá y os conquisto medio país antes de la hora de la comida.

Traducción libre del mensaje mandado por  Cesar a los germanos


De este modo, con inteligencia, en apenas un mes y sin bajas, Cesar aplacó a los germanos que no volverían a cruzar el Rin hasta que no se les quitó el susto del cuerpo.

Ya lo ven ustedes, pura guerra psicológica cuando aún faltaban un par de milenios para que alguien imaginara siquiera esa expresión.


 

 

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